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Los bailarines de Kronvalda La escultura más bella del mundo está en los jardines de Kronvalda en Riga. No existe maleza alguna que la circunde. Las formas humanas no parecen estar allí amenazadas por la vegetación sin misericordia. Nada parece detener el vuelo de los tres bailarines que tomados de la mano evolucionan hacia un punto que, aunque lejano, no parece en absoluto superarles. El sol de una mañana de otoño templada y luminosa derrite la delgada capa de hielo que la noche ha acumulado en sus hombros, en sus cuellos y en sus brazos de contornos imposibles. Los bailarines simplemente danzan en el aire tibio de la mañana, se convierten ellos mismos en aire, liberados de los últimos residuos del frío. Francisco y yo nos hemos sentado en una banca del parque, justo enfrente de la escultura. Los árboles y arbustos están en pleno esplendor otoñal. Casi instintivamente he empezado a coger hojas secas, y a prensarlas torpemente entre las páginas de un libro. No importa el títul...

El beso

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E l miró su silueta en blanco y negro iluminada por un  tímido rayo del  sol gris que se colaba por la ventana entreabierta de la cafetería. Ella jugaba nerviosa con la cucharilla del té que se empecinaba en emitir destellos violetas cuando rozaba la taza. Empezaba a llover fuera del local y las gotas sobre la acera  producían en sus sentidos una vorágine bulliciosa de colores, como si la atmósfera convertida en la paleta de un pintor, se derramara incesante sobre sus oídos indefensos. Tratando de ignorar los colores que la asediaban ella dijo algo sin importancia, una frase que intuyó de transición hacia los umbrales de la noche que empezaba a envolverlos. Movido por un impulso inevitable, el concentró entonces su mirada hacia aquellos labios  de un gris metálico que casi rozaba la negrura.  Imposibilitado de discernir el tono del carmín que ella había usado aquella tarde, se planteó posibilidades respecto a su matiz exacto sin apartar, ni un momento, ...

Los bailarines de Kronvalda. Una reseña por Juan Ceyles Domínguez

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Kronvalda es un territorio lejano, tan lejano como una novela. Sus bailarines danzan fuera de su reino...O, mejor dicho, esta ópera prima de Miguel Ruiz Trigueros es un lugar a una distancia caprichosa -corta o excesiva- como lo es el tiempo según lo mide cada cual. Así, toda novela es una geografía con múltiples accidentes y temperaturas, con sus husos horarios y con sus terraplenes, con su propio catálogo de insectos, frenazos e inexactos carrusseles; todo girando entre el ojo y la pluma. "Los bailarines de Kronvalda" es un tren que se autorrecorre por dentro destripando pretéritos ajuares; pretendiendo hallazgos bárbaros (extranjeros) cuando se trata, no más, de puro ritual de reconocimiento de los propios huesos y telares. Tal es, entiendo, su último propósito. ¿Qué busca el escritor con tal empeño, capítulo a capítulo; un vagón tras otro? ¿Qué pretende, con este Diario Novelado? ¿Es un turoperador que nos planifica estancias y distancias? ¿o un agente secreto que ...
La Voz de Ronda Ni keynesiano ni liberal ni todo lo contrario. La economía de un sueño de verano (M. Ruiz Trigueros) Publicada por  La Voz de Ronda En la bien conocida comedia de Shakespeare, durante una noche, una extraña noche de verano, los personajes de la comedia intercambian papeles, se precipitan en un universo de confusión donde se trastocan las intenciones y los deseos y donde nada es lo que parece. Un observador imparcial de la economía no debería verse sorprendido por el argumento. Conforme el verano avanza y nos arrastra por su corriente de calor infatigable, hacia la orilla promisoria del otoño, de entre las disparatadas temperaturas de las primas de riesgo, surge como si de una promesa de frescura se tratara, una tierra limpia y paradisiaca,  abonada por un mundo sin déficits fiscales; un jardín del Edén o de Epicuro donde la sola posibilidad de un equilibrio presupuestario, ahuyentará la voracidad de lo mercados internacionales. ¿Es...

PRÓLOGO "EL PRÓFUGO"

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PROLOGO PARA EL  “El Prófugo” De Hans Leuenberger Hans Leuenberger, a quien llamo mi amigo, transita las mismas calles que yo transito, frecuenta mis paisajes, mis alamedas, algunas de mis lecturas y muchos de mis bares. Como un hilo   conductor   tejido con tres cuerdas, “El fugitivo” ha estado casi siempre presente en nuestras conversaciones, a veces incluso   con la fuerza de una obsesión. Etimológicamente obsesión no es otra cosa que asedio. Sólo desde lo obsesivo el arte tiene alguna posibilidad de existir, sólo la idea que escala los muros con la fiereza de un ejército, improvisando arietes y catapultando el fuego   puede socavar las puertas de la belleza y ese es el precio que debe ser siempre pagado. No me sorprendió por lo tanto, cuando mi amigo   asediado por una idea largamente acariciada se presentó en el Bajo Cinca un invierno en que el páramo se despertaba con el castigo o la recompensa de un viento gélido. No iba en la búsqueda de...

Los bailarines de Kronvalda

Los bailarines de Kronvalda

EL EXTRAÑO CABARET DE KURT GERRON

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© Miguel Ruiz Trigueros El hombre que espera en el andén no lleva un billete de vuelta en su bolsillo. A decir verdad no porta ningún documento. Sabe que deberá abordar el tren, sabe que es inevitable que dentro de unos minutos ponga el pie en el estribo, ayudarse con las manos en las barras de la puerta porque su cuerpo, a pesar de todo sigue siendo enorme, el cuerpo de un niño gigantesco, como no han dudado en calificarlo. En esta que es sin duda alguna su última representación, no está dispuesto a volver ni un solo instante la vista hacia atrás. A decir verdad, lo único que parece haberle interesado es un equipaje sin dueño que alguien ha debido olvidar. Nadie se acerca a la desvencijada maleta de cartón y eso le desconcierta. Hay a su alrededor miradas de recelo: -“¿Cómo has podido hacer esto?”-parecen decirle- “convertirnos a todos en actores de una farsa”. Otros en el andén se muestran más condescendientes, incluso comprensivos: -“Yo habría hecho lo mismo en tu lugar y al menos m...